Una noche de verano de 1984, la genial Katharine Hepburn, invitó a su casa de New Hampshire a Michael Jackson.
Se habían conocido en un rodaje de la actriz, donde el cantante mostró su admiración por ella, y en agradecimiento, ésta lo invitó a cenar.
En un momento de la velada, Kate le recriminó que llevase las gafas de sol, en el interior y de noche.
- ¿Hay demasiada luz?
- No, no es por eso.
- Entonces Michael, debes quitarte las gafas de sol para que pueda verte los ojos.
- No me gusta sentirme observado, me habitué a ellas buscando la discrección.
- Teniendo en cuenta tu forma de vestir, es difícil que vayas a algún sitio y no te reconozcan. Así que dejanos ver tus ojos, son la ventana de tu alma.
"Recordando a Kate", A. Scott Berg
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